Hace unos meses entre beso y beso te dije que nunca te podría escribir, que no existían los poetas felices y que a tu lado era imposible encontrar la inspiración. Sabía a ciencia cierta que era feliz, que éramos felices. Siempre fui consciente de que existía el adiós y nunca pensé que fue demasiado pronto. No lo fue. Vivía cada día creyendo que ese sería el último, que te darías cuenta de con quién querías pasar tu vida. Y te diste cuenta. Y no me importa, yo tampoco querría estar con alguien tan desastre, pero tan intenso. Porque te amé, juro que te amé. Y sé que tú también lo hiciste, o intentaste hacerlo. No me arrepiento de nada, ni siquiera del adiós. Porque el dolor me hace darme cuenta de que fue real, de que fuimos algo real. De que existías en mí. El dolor de mi pecho derecho indica que ese fue tu hogar, pero solo eras un nómade de paso y yo te acogí con la esperanza de que te quedaras a vivir. Quise atarte a mí, a pesar de que nunca quise ser tu carcelero sino tus alas. Quería impulsarte a volar, y ahora te empujo, te empujo para que vueles. Para que abandones mi nido, para que alcances tus sueños. Para que logres la libertad. Te veo irte con la tristeza que tiene una madre al ver marchar a su hijo. No puedo culparte de que no quieras ser conmigo porque yo tampoco sería.
sábado, 16 de abril de 2016
lunes, 11 de abril de 2016
Recuerdos.
Creo que lo que peor llevo de escribir es el comienzo, el "piensa lo que quieres escribir y escríbelo, pero no me llenes de tachones" que me grita el folio en blanco. Pero hoy quiero escribirte, quiero escribir tu nombre en mi biografía y no borrarlo. Escribir sin palabras, sin dolor y sin tabúes. Se me hace difícil ordenar las letras de manera que expresen todo lo que eres y lo que no serás nunca, todo lo que das y lo que te falta.
La saeta atenta contra los minutos que quedan para volver a verte y yo sigo aquí, con tanto que decirte sin encontrar las palabras. Así que me quedaré callada, mirándote, a tu lado, justo donde quiero estar.
Cosas que se encuentra una en la botella.
Y quizás te encuentre una noche, hasta arriba de mil mierdas o apoyada en la barra de algún bar de mala muerte, ignorando que el alcohol no borra tu ausencia. Quizás reúna el valor suficiente para acercarme a ti y confesarte que nadie ha vuelto a lograr transportarme al Nirvana desde las escaleras que llevan al séptimo cielo. Pero seamos sinceros, sabes que no me acercaré, ni te acercarás, que la noche se quedará en eso, en un par de copas más y quizás algún que otro baboso. Por la mañana vuelta a la rutina de prohibirme recordar el olor de tu champú, evitando dejarte poemas de amor escritos en servilletas de cualquier bar de carretera. Quizás pase por tu calle con la esperanza de verte y decirte que fue por casualidad, ignorando que llevo tu chocolate favorito en el bolsillo, para dártelo y recordarte eso de que el amor es engordar juntos. O, tal vez, te vea de la mano de otra chica. Tal vez la vida se vuelva un poco más gris y cierre mi corazón por destrozos, esperando el día en que pueda colgar un cartel que ponga "bienvenido de nuevo".
De desamor y otras cosas.
Quise conocerlo, quise saltar al brillo de sus ojos y me olvidé de llevar salvavidas. Hice caso omiso a mis miedos y arriesgué por algo que muchos llaman "amor". Viví meser perdida entre sonrisas y quisé creer que ese sentimiento sería eterno. Pero no lo fue. La felicidad no dura eternamente y se compara a la resaca tras una gran borrachera, duele pero siempre queda la sensación de quemazón tras el primer trago. Y yo bebí, me dio de su ambrosía y probé el elixir de los dioses. Pero ya no está, ya no queda nadie en esta fiesta y después de las doce es extraño encontrar abiertas las puertas que llevan al Nirvana y con él era tan fácil subir las escaleras de dos en dos para llegar antes al séptimo cielo. No va a volver, es cierto, no voy a subir el Capitolio agarrada a sus caderas.
Catorce de febrero.
Un día me acostaré con un poeta. Lo haré repetidas veces, hasta que se enamore de mí. Después me iré, lo dejaré solo y me convertiré en su musa. Él estará roto, odiándome y, de sus peores mierdas saldrán sus mejores versos. Y yo seré su musa, después volveré y le contaré esto como te lo estoy contando a ti. Le diré que tuve que irme para que no perdiera la inspiración, para que no dejara de escribir porque todos saben que en España pasan muchas cosas, pero no existen los poetas felices.
Con a de "amor".
Por primera vez en mi vida me miré al espejo y me vi bonita. Quizás es porque me miré con sus ojos, o quizás es porque me creo sus mentiras. Fue un momento mágico,casi íntimo. Me gustó. Me gusté. Nunca pude escribir sobre él, ni sobre la manera en la que me mira. Me mira como si yo existiera, como si nada más en el mundo tuviera importancia cuando estoy a su lado. Me mira. Y le gusta mirarme. Y a mí me gusta que me mire, porque él no me ve como yo me veo. Porque él me mira como si fuese magia. Podría escribirle mil versos a sus ojos, y a como me mira. Ojalá yo pudiera mirarme porque parece que realmente está viendo algo hermoso. Pero solo puedo mirarlo a él, fascinada, casi hipnotizada por la belleza que desprende. Porque cuando me mira irradia belleza y él no sabe que lo bonito que ve en mí solo es el reflejo de lo que en realidad es él.
miércoles, 11 de marzo de 2015
Ahora soy yo la que no entiende nada.
Hoy quiero escribir
un poema social
que hable de nosotros.
De que amar
son más de las cinco letras
que forman tu nombre.
Que intenté formar un futuro
con planes de pasado
y desvestí la nostalgia
con la ropa que en su momento
te quité a ti.
Hoy quiero escribir
sobre tu risa
y sobre mis prisas,
por recorrer con mi lengua
los rincones de tus puedo.
Hoy quiero escribir sobre
un tiempo imperfecto.
Hoy quiero escribir sobre
mi huída
Hoy quiero escribir sobre
tu miedo.