Son las 23.57 de un domingo, mañana es 17 y tu ausencia me sabe más amarga que nunca. No puedo dejar de pensarte, ni de pensar que, aunque estés a miles de km de distancia de nuestro último adiós, me lees, tu presencia sigue a mi lado, y es una paradoja, ya que cuanto más cerca te tenía más sola me sentía. No puedo creer, no quiero aceptar, que cogiste ese tren que pasa por la curva de mis caderas, que justo ibas tú en el tren que descarriló. No quiero, no quiero, me niego a pensar que no compraste billete de vuelta.
Y pasan los minutos, y se convierten en días y los días en semanas, y ya queda muy lejos aquel abril. Y preguntó Sabina que quién le robó el mes de abril, y a Suárez se le agotaron los meses de abril y ya no le quedan. Nadie sabe qué fue lo realmente ocurrido con el mes de abril, la muy puta vino a enamorarte, y te fuiste con Abril, te fuiste con ese mes maldito para los poetas. Y te sangro, y guardo tus recortes en el cajón, porque aún me queda invierno, te llevaste el mes de abril, yo no tengo primavera. Decuélvemelo, y ya si quieres, te quedas.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Tengo que salir de aquí, me estoy volviendo cuerdo.
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