En un instante se dio la vuelta, y vio unos ojos posados en ella. En un principio no lo reconoce, no reconoce su rostro demacrado por el cansancio, ni su alborotado pelo y, mucho menos, esos ojos tristes. Los mismos ojos tristes que no se apartaban de ella y que por alguna razón que desconocía no podía dejar de mirar. Esos ojos eran los suyos, en el fondo de toda la tristeza que gritaban estaba esa chispa, una chispa que en un pasado estuvo llena de vida.
La recordaba muy bien, era la misma chispa que se iluminaba todavía más cuando ella sonreía, que solo perdía el brillo cuando en las noches frías no podía estar a su lado.
Un escalofrío recorre su cuerpo, mira cual es la próxima parada, está dispuesta a bajarse, no le importa perderse. No aguanta el sentimiento que le recorre el cuerpo, esa extraña electricidad que va desde el último pelo de su cabeza hasta la punta de sus pies.
Por un instante es consciente de que está rodeada de gente, gente que nunca más va a ver, analiza aburrida sus rostros, no encuentra ninguna mirada que grite lo que grita la mirada del tipo de enfrente.
Se pone de pié, intenta decir algo, pero no está segura y la cobardía la empequeñece. Se da la vuelta y se dirige a la puerta pero en ese mismo momento una voz conocida resuena en medio de la multitud.
- Un día te prometí que si te escapabas yo te iba a encontrar.

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