Llevo lo que parece un tiempo muy largo
pensando en tu sonrisa
y en tu risa.
He echado la mirada atrás
— aun rompiendo mi más sagrada regla —
y entre visita y visita
me quedé a vivir allí.
En el lado derecho de tu cama,
entendiendo que hay veces que no basta con querer
pintar el presente con colores del pasado.
Y he llegado a la conclusión
de que ahora soy yo la que no entiende nada.
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