lunes, 29 de abril de 2013

Dependo de ti como el minotauro de Ariadna.

Eres como un caracol, te encierras en tu concha cada vez que algo te asusta y no puedes salir de ahí. Te encierras, quieres estar sola porque piensas que sola todo irá bien, que nadie va a fallarte. Odio cuando te quedas así, con esa mirada ausente, distante, sin vida. En un completo silencio que solo los gritos de tu interior reflejados en tus ojos logran romper.
Sé que estás harta, harta de luchar, de fingir una felicidad que crees inexistente, de intentar llenar ese vacío. El mismo vacío que dejó su ida, la que hizo que empezaras a desconfiar, a no creer en las personas. Y, es que, quién lo iba a decir, quién diría que una buena mañana recibirías un mensaje en el que decía que se iba, que no iba a volver, que era un adiós.. Sé que gritaste tanto por dentro que te quedaste paralizada y que lo buscaste, luchaste por encontrar el modo de que volviera, pero no iba a volver, se había ido. Se había ido para siempre, te había abandonado. Te habías abandonado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario