sábado, 19 de mayo de 2012

Los sabios dicen que solo los tontos se apuran, por eso no tengo prisa en olvidarte.

Te despiertas pensando que va a ser un gran día, es sábado así que no te apetece levantarte aun. Tu mente empieza a despertarse y de repente trae los recuerdos del día anterior, al principio todo está bien, hasta que te acuerdas de esa pequeña discusión. Lloras, empiezas el día llorando las ideas anteriores que vagaban perezosas por tu mente se disuelven, hoy va a ser un día de mierda, como el de ayer, como el de antes de ayer y, seguramente, como el de mañana.
Los recuerdos de esa discusión traen más recuerdos de discusiones anteriores, sabes que no todo fue malo, que hubo momentos irrepetibles y maravillosos pero no logras recordarlos, solo piensas en que quieres desaparecer o decirle a tu yo del pasado que no se comporte así.
Te levantas de la cama, intentas ocultar los ojos rojos como sea, no quieres que nadie te pregunte que te pasa. Enciendes el ordenador como cada mañana, es inevitable tienes que mirar su perfil, mirar si escribió algo relacionado contigo. No, no hay nada, observas que todo le va bien que es muy fácil que te substituya porque tiene mil mejores detrás. Una lágrima roza tu mejilla, te enfadas con el ordenador y le das una buena hostia al teclado, como si él tuviera la culpa de que te esté olvidando.
Las pagas con todo el que se pone delante tuya, deseas la muerte, irte de aquí. Te lo planteas, pero después recuerdas las promesas que le hiciste, que aunque él rompa las suyas tú no puedes fallarle, no otra vez.

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