Ella era la típica chica que no quería depender de nadie, siempre que conseguía al que quería se cansaba de él y llegaba a ser hasta cruel, sabía que si uno se iba siempre habría otro.Esa vez era diferente la ida del último que entro en su vida le había dolido más, no porque lo quisiera más sino porque la había substituido, la había rechazado, pero aun así le daba una semana al dolor. En efecto, conoció a otro, y entre un mensaje y otro, cada vez hablaban más, él le decía las cosas más bonitas que ella podía pensar, esas cosas por las que ella era feliz.
Horas y horas de conversaciones trajeron el primer "te amo" ella nunca decía te amo, solo se lo había dicho a la única persona que ella había amado de verdad, su primer amor, y cuando él le hizo tanto daño se prometió que nunca más lo iba a decir si no lo sentía de verdad. Ella no lo sentía, pero no lo quería perder aun, era pronto para olvidarlo, así que tras darle muchas vueltas en el mínimo tiempo posible, pues no quería que el se extrañase le contesto con un seco "yo también.". A los días él le pidió salir, ella seguía por el último hombre que le había hecho llorar, ella no quería al chico que le estaba pidiendo salir, pero aun así pronunció aquel "por supuesto que quiero ser tu novia", sabía que a la larga acabaría gustándole y olvidaría al que tanto le había hecho llorar.
Ella empezó a sentir un sentimiento extraño, nunca había sido especialmente celosa pero persona que se acercaba a su chico persona que estaba condenada a su odio. Tenía miedo de perderlo, y por ese miedo lo perdió. "Estoy bien" se decía, "total no lo quería, habrá más" y en efecto hubo más, su primer amor empezaba a hacerle caso, chicos maravillosos le hablaban, tenía a muchos detrás, pero ella no quería a ninguno de ellos, quería recuperar a su chico. Ella veía como él la olvidaba, y solo lloraba. Aun a día de hoy se arrepiente de haber roto su norma más sagrada "Nunca dependas de nadie."
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