Aprendí que los para siempre pueden durar un segundo, que los mejores amigos, a veces, son grandes desconocidos. Aprendí que la taza de café se enfría antes cuando esperas a alguien que no llega, que nunca va a llegar porque se fue. Él se fue para no volver, se fue igual que se va el tiempo una mañana de domingo, se va haciendo que nunca lo recuperes y que el dolor por haberlo perdido duela.
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