Sabes que nuestra relación no era fácil, no era nada fácil. Primero no recibimos el apoyo por parte de nuestros padres, y sabes que eso provocó un par de discusiones, sabes que me hundía todos los días por eso, pero tú me ayudabas a salir a flote.
Luego también estaba el problema de que no siempre podíamos estar juntos y cuando yo estaba con mis amigas y tú con los tuyos, ninguno de los dos sabía lo que estaba haciendo el otro y eso nos provocaba celos, muchos celos, pero poco a poco intentábamos sobrellevarlos.
También había una puta, llamada distancia, que aunque en media hora me podía poner en tu casa, pero no nos dejaba estar todo lo juntos que queríamos.
Otro de nuestros inconvenientes fue que éramos opuestos, a mí me gustaba que fuéramos así, era divertido, era una locura, pensé que nos complementábamos, que los polos opuestos se atraían, tú me lo habías dicho cuando me habías ayudado a hacer mi trabajo de electromagnetismo, me habías dicho que éramos como imanes, que nos atraíamos.
Pero la peor, y la que mandó todo a la mierda fue tu orgullo, no, no me mires así, ¿ves? ese orgullo que ahora hace que me mires con los ojos llorosos, mientras tu cara expresa algo así como "la puta está me está echando la culpa". No, no te equivoques, mi amor. Tu orgullo es el que te dice que mejor era acabar con todo, que no podíamos arreglar una discusión tonta como la que era, que no podíamos cambiar los fallos, porque no eres capaz de abrirte, tienes miedo a arriesgar, a acabar mal, y prefieres acabarlo lo antes posible, porque ahora tú eres el guay, eres el que cortó con la chica, la chica que es guapa y que te escogió por delante de unos cuantos más. Ahora ella llora por ti, por el chico que es un mediocre, que no es como ella y aun encima fuiste el que más duró en una relación y eso te hace sentir superior. Eh, no, no te vayas, escucha lo que quiero decirte, siempre te vas y me dejas a medias, creo que tienes miedo de las verdades, lo sé tú no le temes a nadie ni a nada, pero yo encontré un montón de miedos dentro de ti.
Mira, ya estás llorando y mira yo también, no seas tonto, sabes que te conozco, te conozco como cuando pones cara de que eres tonto, sí esa cara que hacía que yo te apretara la mano para que la quitaras, te conozco, sé donde tienes las cosquillas, ese lugar tan secreto que no quieres que nadie sepa, también sé que te vas de heavy pero te lavas el pelo con champú de fresa.
También tú me conoces, tal vez demasiado bien, me conoces tan bien que sabes que tengo la mano en esa posición para que me la cojas, para que me digas que todo va a ir bien, que aunque nuestro destino no sea estar juntos siempre vas a estar ahí, para apoyarme, para gritarme, para decirme lo gilipollas que me pongo cuando me cabreo. También sabes que te miro los labios porque te quiero besar, porque esos labios fueron los primeros que bese en toda mi vida y ahora mismo, los únicos que quiero besar, sabes lo que quiero que hagas cada vez que saco la lengua, conoces la cara que pongo cuando pienso y como me muerdo la lengua cuando me enfado, pero sabes que aun así no es suficiente. Sabes que soy muy cabezota y que da igual lo que me digas, que no me vas a ofender, porque me callo pero a los dos segundos vuelvo a la carga, pero eso era lo bonito, yo te gritaba y tú me decías lo gilipollas que estaba. Espera.. ya acabo.
¿Ves? Estás llorando, lo sabía y tú también lo sabías, sabías que no querías que acabara, pero tú estúpido miedo a arriesgar te impide quedarte.
Vete, vete si quieres, podré aguantarlo, pero piensa que tal vez, este sea el peor error de tu vida intenta autoconvencerte de que todo va a estar bien, porque sabes que no es así. Pero también recuerda que te amo más que a nada y sé que tú a mí también.
Prometo que no voy a volver a llorar

No hay comentarios:
Publicar un comentario