Por una vez en su vida iba a ser valiente, le iba a decir todo lo que sentía sin cortarse. Pero al verlo delante, con su perfección, se sintió tan pequeña que lo único que pudo hacer fue sentir como sus lágrimas recorrían sus mejillas. Él preocupado le preguntó que le pasaba, ella levantó la mirada y sus miradas se cruzaron durante unas milésimas de segundo. Fue tiempo más que suficiente para que sus ojos lo gritaran todo.
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